Dime con quién cocreas

Escrito porMaría Alonso

1 febrero, 2022

Dime con quién cocreas

Dime con quién cocreas es el título del artículo que ha escrito María Alonso Chamorro para el Instituto de Innovación. A lo largo de todo el artículo María nos habla de su experiencia personal en uno de sus proyectos de innovación docente donde, precisamente, hace uso junto a más compañeras del Grado de Medicina, de la codocencia y cocreación de material docente.

Cristina, Bea y yo nos conocimos hace ya casi 9 años, cuando el destino y la suerte nos unió para formar el equipo docente de la asignatura de Fisiología en Enfermería. Tengo que reconocer que desde el principio hemos sido un gran equipo, sobre todo en el aspecto humano y personal. Tenemos una gran sintonía entre nosotras, una comunicación fluida y efectiva, nos divertimos y confiamos plenamente las unas en las otras. Como docentes, sin embargo, tenemos estilos distintos. En los primeros años de docencia conjunta, si bien cumplíamos con la coordinación y la organización minuciosa de la asignatura, en lo que a la puesta en escena se refiere, cada una dirigía su navío de forma independiente. Con el paso del tiempo y de forma espontánea, empezamos a interesarnos por lo que hacía la compañera de batalla -”ah, pero ¿tú también hablas de esto?; “pues cuando yo les cuento aquello….” “podíamos organizarnos así o asá…”-. También comenzamos a introducir mejoras pedagógicas (y en esto tengo que asumir gran parte de culpa por mi inquietud en estas cuestiones), hecho que nos hizo salir poco a poco de nuestras cómodas y solitarias parcelas, para abrirnos al cambio. Con mucho esfuerzo y dedicación, logramos que la fisiología en enfermería se convirtiera finalmente en una asignatura aplaudida por los alumnos (a pesar de su enorme dificultad). Aún guardo como un tesoro en mi carpeta de recuerdos las decenas de mensajes de alumnos agradecidos…. Por desgracia, nuestro periplo como equipo docente se truncó hace dos años, cuando por cuestiones varias las tres profesoras dejamos de impartir la asignatura.   

En esos años, la asignatura experimentó cambios diversos, nos atrevimos a salir de nuestras parcelas individuales y comenzamos a trabajar de forma más cooperativa, introduciendo mejoras pedagógicas varias que mejoraron mucho la percepción del alumno. Desgraciadamente y por cuestiones diversas, desde hace dos años ya no formamos parte de la asignatura. 

Estaba claro que nuestro triángulo amoroso no podía acabar aquí. Unos meses más tarde, después de mucha conversación pasillera, de juntas de evaluación varias y de encuentros de otra índole, decidimos aunar nuestras fuerzas de nuevo, en este caso para acercar posiciones entre las asignaturas que cada una coordinamos en el primer curso de medicina: fisiología, biología y bioquímica. Como tenemos un trato muy cercano y en mi caso además colaboro con la asignatura que coordina Bea (biología), conocemos los temarios e incluso los dameros de las otras. Así pues, y aprovechando la convocatoria de proyectos que en ese momento lanzaba el Instituto de Innovación, nos aventuramos a iniciar un pequeño proyecto de integración curricular y de cocreación, arriesgado desde el punto de vista de los riesgos personales que nos podía suponer ponerlo en marcha (muchas horas de trabajo, mucha creación de contenidos, mucho debate y consenso, aunar posturas en cuanto a contenidos y casos clínicos, etc.), pero seguro en el sentido de que existe mucha literatura que avala la utilidad de la integración curricular en medicina. Íbamos a dar clase las tres juntas, de materias comunes, en el mismo espacio-tiempo….todo un reto. Y así empezó un viaje de casi nueve meses de reuniones semanales en las que fuimos dando forma a nuestro proyecto. La constancia es un arma valiosa. Nuestras reuniones semanales (que intentamos cumplir puntualmente) resultaron ser la clave, ya que, aunque hubiera días grises de escasa producción (porque estábamos estresadas, con los niños malos, con 3 horas de sueño…), en cada reunión conseguíamos al menos encajar alguna pieza del puzle. Primero seleccionamos los temas, después decidimos el formato (seminarios de 5 horas), después trabajamos la metodología (casos clínicos, aprendizaje activo y exposición magistral), decidimos cómo evaluar las actividades y contenidos de los seminarios, después recalculamos nuestras dedicaciones (que quito de aquí que pongo por allá) y emplazamos las sesiones en el damero (gracias a la pericia de nuestra secretaria Diana Juarros). Finalizada esta fase, comenzamos con el diseño de los materiales: el montaje de la nueva asignatura en Canvas (quedó muy “resultona” por cierto), las nuevas presentaciones (en genially esta vez), rodaje, edición y montaje de vídeos para la presentación de los casos clínicos (el tema del atrezzo y vestuario darían para otro artículo en este blog…), recopilación de datos para la elaboración de los casos, creación de evaluaciones en sócrative y en Canvas, etc. Ni las pirámides de Egipto. Pero qué maravilla dejarse la piel con un equipo así. Esa es la clave. Generosidad, entrega, respeto, escucha, motivación, apoyo mutuo y mucho MUCHO humor. Y de aquí se extrae una de las conclusiones fundamentales. El éxito de un proyecto de cocreación y de integración de este estilo está en el equipo de personas que lo ponen en marcha, ya que deben funcionar como un perfecto engranaje. Si se conocen, respetan, admiran y colaboran de antes, mejor que mejor. Y si encima se lo pasan bien y disfrutan juntas, pues entonces la experiencia es fabulosa. Otras experiencias de integración curricular completa (en la que no hay asignaturas como tal sino grandes bloques de contenido que se abordan por profesores de muy distintas áreas) han resultado poco exitosas probablemente por esta razón, por flaquear en la fortaleza y cohesión de los equipos docentes. En nuestra opinión, integrar el curriculum completo puede resultar demasiado forzado, mientras que las pequeñas iniciativas espontáneas podrían funcionar mucho mejor.  

Al menos por parte del docente. La experiencia del alumno puede ser otra, pero seguro que ese espíritu de colaboración, entrega y “buenrrollismo” de las profesoras le llega también al estudiante y eso…no deja de ser formación integral, digo yo. Ecos nos han llegado de facultades en las que se ha puesto en marcha la integración curricular completa (en la que no hay asignaturas como tal sino grandes bloques de contenido que se abordan por profesores de muy distintas áreas) y en algunos casos las experiencias están lejos de ser exitosas. En nuestra opinión, un esfuerzo tan titánico no se debe forzar, la integración curricular completa tal vez no sea la opción, pero sí se deben aplaudir y motivar las pequeñas iniciativas espontáneas que surgen porque a un equipo de profesores, que son auténticos colegas, realmente les apetece meterse en “el fregao” y dejarse la piel. 

Llegó septiembre, comenzaron las clases y en la segunda semana nos tocaba armarnos de valor e impartir los primeros seminarios. Horas antes de la primera puesta en escena, no vamos a negar que los nervios estaban a flor de piel y nos asaltaban las dudas (“ays a lo mejor lo que hemos hecho con los vídeos es demasiado humor negro…”; “cuando nos vean a las tres van a alucinar”; “no se si lo van a entender” …). Cosas normales del directo. Pero lo cierto es que estuvimos cómodas, en “nuestra salsa”. Siguiendo al dedillo el guion casi teatral que previamente habíamos acordado (primero empiezas tú, está diapo yo…), pero también dejando espacio para la improvisación y las aportaciones espontáneas. Cuán enriquecedor además resulta escuchar a un colega exponer un tema que tú has contado en infinidad de ocasiones y del que estás ya aburrido pero que él aborda con una mirada distinta. Yo personalmente he extraído muchos aprendizajes de mis compañeras (además de detectar algún que otro error en mis explicaciones e interpretaciones). Finalizada la primera sesión, estábamos eufóricas por el logro, nos parecía que no había estado mal, pero estábamos francamente agotadas, reventadas, rotas. ¡Y nos quedaban otros dos seminarios esa semana! Y de aquí extrajimos la segunda conclusión. La experiencia es fabulosa, pero agotadora, extenuante. Sobre el campo de batalla detectamos aspectos que podíamos mejorar en el momento, gracias a los comentarios de los alumnos, con lo que tras cada sesión hacíamos recuento de bajas y mutilados y nos poníamos manos a la obra para que en la siguiente sesión las cosas fueran mejor. Fueron 4 semanas de dedicación casi completa, con los trastornos que eso supone, aunque las primeras veces son así, no se ve la luz al final del túnel, pero el tiempo y el rodaje hacen que todo sea más fluido. Pasado el tifón integrador y después de un par de semanas de descanso (o mejor dicho de dedicación a las otras tareas que habían quedado relegadas), tocaba analizar las respuestas que los chicos habían volcado en el cuestionario de opinión, reflexionar y decidir cómo abordar los seminarios en la edición 22.23. Los alumnos nos tiraron de las orejas en no pocos aspectos: seminarios demasiado largos, mucha densidad de contenido, dudas de qué parte se evaluará en cada asignatura, poco tiempo para la puesta en común de los casos y problemas…,pero también aplaudieron y mucho otras cuestiones, como la calidad y el humor de las producciones audiovisuales, el buen ambiente entre las profes, la entrega, la buena selección de los casos y problemas, la gran utilidad del trabajo en equipos tal y como se planteó….Con todo esto en nuestra mochila, no nos queda otra que hacer una reflexión profunda, acometer los descalabros y enorgullecernos de los logros, para que cada curso sea un poco (o un mucho) mejor. Y aquí viene otra conclusión o reflexión. El camino es largo y empinado, los tropiezos están asegurados y tal vez alguna que otra lesión sangrante al inicio, por lo que mentalizarse antes de la escalada es importante. Pero no hay que cejar en el empeño, porque en lo alto de la serpenteante cuesta todo se verá con más calma y las vistas serán sin duda un deleite (o al menos más luminosas que a comienzo). Así que no nos queda otra que seguir adelante, trabajando codo con codo, con entusiasmo y entrega, juntas, porque a este equipo ya no hay adversidad o contratiempo que lo separe. (Beatriz Herranz, Cristina García de Leonardo y María Alonso Chamorro). 

*María también nos contó más acerca de su proyecto de cocreación “dime con quién cocreas” en la siguiente entrevista

 

María Alonso
María Alonso

Licenciada en Biología y Doctorada en Biomedicina por la Universidad de León. Ha dedicado gran parte de su recorrido profesional a la investigación en Diabetes tipo II, tarea que he desarrollado en universidades nacionales (IBGM, Valladolid, UCM, UB, etc.) y extranjeras (Madison,Wisconsin). Desde el año 2010 imparte clases de Biología, Bioquímica y Fisiología en el ámbito universitario. Apasionada e innovadora, desde el año 2015 está al frente del Área de pedagogía e innovación de la Facultad de Medicina de la UFV. Además, o sobre todo, es madre, fotógrafa, melómana, deportista y amante de la naturaleza 🙂

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