¿Has empezado a crear vídeos docentes, pero no consigues que tus alumnos los vean? ¿Te esfuerzas para crear vídeos y a cambio tus alumnos se quejan porque consideran que es demasiado trabajo autónomo?

¿Has empezado a crear vídeos docentes, pero no consigues que tus alumnos los vean? ¿Te esfuerzas para crear vídeos y a cambio tus alumnos se quejan porque consideran que es demasiado trabajo autónomo?

Desde marzo de 2020 la creación y uso de vídeos para la docencia ha crecido entre los profesores universitarios. Los objetivos son variados, sustituir clases interrumpidas por problemas técnicos, realizar clases asíncronas, o aplicar la metodología “Flipped Classroom” (FC). El vídeo es desde hacía unos años la piedra angular de la formación “online” pero había llegado a la enseñanza presencial precisamente a través de esta metodología activa, el FC.

Aunque diferentes estudios avalan los valores educativos de los medios audiovisuales (Koumi, 2006), el vídeo no es eficaz si no cumple con los siguientes elementos: poseer un valor cognitivo que promueva la comprensión y memoria a largo plazo, asegurar el compromiso de los estudiantes y convertirse en una herramienta interactiva que permita un aprendizaje activo (Brame, 2016). Para ello es aconsejable hacer vídeos cortos (6 a 12 minutos), atractivos, con la información relevante bien remarcada, evitando información superflua y con formatos donde se mezcle imagen con explicación verbal. Además, conviene grabarlos con naturalidad, similar a tus explicaciones de clase pero sin repeticiones, hablando más rápido que lento y utilizando si es posible la narrativa, más allá de lo puramente descriptivo.

Lo primero que debes tener claro es el objetivo del vídeo. Si se utiliza como herramienta de la metodología FC lo aconsejable es asignar a tus estudiantes un vídeo por semana. Ten en cuenta que un vídeo de 15 minutos supondría unos 90 minutos de trabajo autónomo para los estudiantes, ya que el visionado incluye la toma de apuntes y la respuesta a preguntas incorporadas en el vídeo o asociadas a una tarea. Convertir el vídeo en una actividad interactiva es esencial pues permite la metacognición del estudiante y aporta información esencial al profesor para la preparación de la clase presencial posterior.

Algunos estudios han demostrado que los vídeos de mayor duración reducen el nivel de compromiso de los estudiantes (los vídeos de más de 12 minutos son visionados en un 20% de su longitud). En el caso de necesitar mayor tiempo para la explicación, trata de fragmentar la información en vídeos de menor tamaño o interrúmpelo con alguna actividad que ayude a integrar la información con los conocimientos previos relacionados. Si el objetivo del vídeo es sin embargo, utilizarlo para una clase asíncrona, puedes asignar más de un vídeo corto a la semana, o utilizar un vídeo largo con interrupciones a través de actividades de comprensión y aplicación.

Volviendo al uso del vídeo para liberar tiempo de la clase presencial, objetivo del FC, ten en cuenta que el vídeo no debería usarse para sumar tiempo de explicación teórica si no para emplear ese tiempo liberado en la realización de actividades de aprendizaje significativo basado en el análisis, evaluación, aplicación o creación. Es decir, es más importante lo que haces con el tiempo de la clase presencial que el vídeo en sí mismo, y precisamente eso ayudará a que el alumno vea el vídeo como algo necesario para el seguimiento de la clase.

  1. Brame, Cynthia J. Effective educational videos: principles and guidelines for maximizing student learning from video content. Life Sciences Education, 15:1-6. 2016.
  2. Koumi, Jack. Designing video and multimedia for open and flexible learning. Routledge. 2006

Si quieres profundizar más sobre el tema os recomendamos estos vídeos:

5 razones para usar la cámara y 5 Tips para asegurar la integración de los alumnos de casa en la clase híbrida

5 razones para usar la cámara y 5 Tips para asegurar la integración de los alumnos de casa en la clase híbrida

En tiempo de pandemia la UFV ha hecho una apuesta decidida y valiente por la presencialidad adoptando un sistema de docencia híbrida, a pesar de su complejidad metodológica y requerimientos técnicos. Convencidos de que esta adaptación era la que mejor se acogía a nuestro modelo educativo por facilitar el encuentro con el alumno y permitir el desarrollo de las pedagogías centradas en él, se realizó una importante inversión en recursos técnicos y personales.

Durante estos primeros meses recorridos, profesores y estudiantes valoran el esfuerzo y reconocen sentirse acompañados y cuidados, sin embargo, se ha observado que en la mayoría de las clases híbridas de la UFV los alumnos que están fuera de clase mantienen sus cámaras apagadas.

Los profesores reconocen haber desistido ante la negativa o excusas constantes de sus estudiantes para usar sus cámaras, mientras los alumnos admiten distraerse más desde casa, especialmente cuando no se sienten observados. Otros docentes, sin embargo, parecen no sentir la necesidad de ver a los alumnos que se encuentran en casa, igual que algunos alumnos parecen sentir amenazada su intimidad.

Por todo ello, comparto 5 razones por las que creo que es esencial el buen uso de la cámara en la clase presencial híbrida:

  1. Durante un curso en el que estamos conociendo a nuestros alumnos ocultos tras una mascarilla, la cámara durante su semana rotatoria en casa es lo que nos permite conocerlos mejor. Pero, además, esto ayuda a que los alumnos de cada subgrupo puedan conocerse entre ellos. Por supuesto que conocer a una persona es mucho más que conocer su cara, y es cierto que podemos transmitir mucho con la mirada, pero reconozcamos que cuando tratas de conocer a un mínimo de 100 nuevas personas cada curso, observar sus expresiones faciales ayuda, no en vano nuestro cerebro contiene un área enorme dedicado al reconocimiento de las caras. 
  2. Ver a los alumnos de casa en el monitor de clase facilita la interacción con su profesor y resto de compañeros y, por tanto, mejora su integración y participación en el desarrollo de la clase. Es más sencillo para un profesor dirigirse a un alumno que ve a través de un monitor, que hacerlo frente a una pantalla en negro. El profesor se mantendrá alerta y no olvidará que debe atender a ese grupo de alumnos que sigue la clase desde casa. Y el estudiante se sentirá de esta forma atendido igualmente por su profesor.
  3. Observar a nuestros alumnos hace más sencilla la comunicación con ellos y reduce los recursos tecnológicos necesarios para integrarles en la clase. No sería necesario, por ejemplo, estar pendiente del chat para comunicarnos con ellos, si podemos ver sus expresiones o incluso establecer un código visual que nos indique de forma rápida sus impresiones. Además, nos ayudará a simpatizar y empatizar con ellos, a detectar su estado de ánimo, de salud, y a sentirnos más cercanos. Y, por otro lado, un alumno que se siente bien observado y atendido se sabrá acompañado por su profesor.
  4. Saberse observado, mejora sin duda el nivel de atención y responsabilidad del estudiante que recibe la clase desde casa. Todos hemos vivido en estos meses la experiencia de ser alumnos en remoto, en una reunión, en una formación, en un congreso, … y habremos comprobado lo fácil que es distraerse ante la protección que te da estar al otro lado de la pantalla.   
  5. Por último, nuestra misión como educadores es posibilitar en nuestros alumnos la adquisición de habilidades y competencias necesarias para la vida. Si algo tenemos claro ahora es que los encuentros virtuales, tanto profesionales como personales, van a formar parte de nuestra normalidad, por lo que tener la capacidad de llevar a cabo una correcta presencialidad virtual debe formar parte de las competencias a desarrollar. El estudiante debe acostumbrarse a mostrarse de forma correcta desde el espacio en el que le toque realizar su actividad, ahora la clase y en un futuro próximo su trabajo.

Pero ojo, conseguir que enciendan sus cámaras es una condición necesaria pero no suficiente para asegurar su integración en la clase. Mirar una pantalla no asegura su compromiso, igual que los alumnos que están en clase podrían estar comprando en Zara o usando las RRSS mientras creemos que cogen atentos sus apuntes.

Algunas tips para asegurar la integración de tus alumnos en clase son:

  1. Utiliza Zoom para las sesiones de clase ya que te permite visualizar hasta a 49 participantes a la vez. Para ello utiliza el modo galería. Además, utiliza la cámara instalada en clase de forma que lo estudiantes puedan ver a sus compañeros cuando sean ellos quienes intervienen en las clases y no una imagen fija del profesor.
  2. Acuerda con tus estudiantes un código visual que facilite la comunicación (por ejemplo, mostrar un objeto verde si la respuesta es afirmativa y rojo si es negativa) y realiza alguna actividad que promueva el conocimiento del grupo y la creación de una atmósfera de confianza implicando a ambos subgrupos (por ejemplo, pide a los alumnos de casa que os den la espalda y realiza algún cambio en la clase que ellos deberán adivinar, o pide a los de casa que muestren en sus cámaras un dibujo, relacionado por ejemplo, con contenidos de la asignatura, y solicita a los de clase que averigüen de qué se trata). Esto ayudará a normalizar la situación y ayudará a los de casa a sentirse más presentes.
  3. Solicita la intervención de los alumnos del grupo de casa en la misma proporción que lo haces con los de clase.
  4. Crea grupos mixtos (alumnos de clase con alumnos de casa) para la realización de tareas concretas.

Para ello puedes:

  • Pedir a los alumnos de clase que accedan a la sesión de Zoom y separarles en salas mezclando a los alumnos de ambos subgrupos
  • Utilizar sesiones de BlackBoard en paralelo para que cada grupo realice su videollamada
  • Realizar grupos de Teams.

5. Utilizar herramientas digitales (opciones de anotación y votación en Zoom, Nearpod, Mentimeter, Socrative, Miro, etc…) con las que todos los estudiantes podrán contestar a tus preguntas e intervenir en la clase a tiempo real. Estas herramientas además aportan una retroalimentación instantánea al docente lo que le permitirá adaptar su explicación al ritmo de seguimiento de toda la clase.

La UFV es una institución que mira a la persona. Quizás sea el momento de tomarnos esta misión, además, de forma literal.

Usa la cámara, hazles que usen la cámara.

Agile Learning. Metodología de Innovación docente aplicada en el ámbito universitario

Agile Learning. Metodología de Innovación docente aplicada en el ámbito universitario

El pasado miércoles 27 de febrero, tuvo lugar el primer Café Pedagógico organizado por el Instituto de Innovación. Este evento, que se repetirá el último miércoles de cada mes, será un momento de encuentro entre profesores con inquietudes pedagógicas en el que reflexionar y debatir, entorno a un café, sobre las diferentes metodologías docentes.

En el primer Café Pedagógico, la metodología a escudriñar fue Agile Learning y el experto que nos acompañó en el debate,José Manuel Sánchez Galán, profesor de CAFyD en la Universidad Francisco de Vitoria, con una experiencia docente en todos los niveles educativos de más de 10 años. José Manuel, pertenece a la asociación Origami, la cual apuesta por una educación e innovación basada en la responsabilidad socioambiental, y comparte su experiencia y actividad docente en su blog sobre Actualidad Pedagógica y canal de YouTube.

Agile Learning es una metodología que trata de dividir el todo en pequeñas partes, buscando un aprendizaje experiencial, abierto y aplicado. Busca que cada alumno logre su máximo potencial aumentando su confianza y su autonomía en un entorno de aprendizaje enriquecido con tecnologías acordes al constante cambio.

Tablero Kanban
Tablero Kanban

Según la guía sobre la Metodología Ágil  los principios de esta metodología son: 1) aprender haciendo equipo; 2) definir la misión e identificar los temas de mayor valor; 3) validación rápida; 4) dar visibilidad y transparencia a la evolución del aprendizaje; 5) mantener un ritmo de trabajo y un feedback constante; y 6) la adaptación. Asimismo, los beneficios más significativos de esta metodología son:

Una clase con aprendizaje ágil, se inicia utilizando Post-it en los que los alumnos comparten sus intenciones y ofrecimientos sobre un tablero KANBAN. Este tablero es una herramienta para visualizar el flujo del trabajo, donde cada columna visualiza un paso del proceso (intenciones, organización de la clase, tarea realizadas, tareas pendientes). Esta gestión del tiempo en el aula mediante el tablero KANBAN facilita la visualización de los objetivos alcanzados y agiliza la toma de decisiones sobre las actividades que se han realizado y se van a realizar, haciendo la clase más democrática y participativa.

Una de las mejores aplicaciones de la Metodología Ágil es su uso para gestionar los trabajos en equipo. En ese caso, el conocimiento es autogestionado por los alumnos, quienes toman todas las decisiones: diseño de sus propias tareas, elección de las partes del proyecto, lo que se incluye en cada tarea, en cada entrega, en qué fechas… El profesor les va corrigiendo a medida que van dando pasos, promoviendo los cambios sobre la marcha y evitando tener que cambiar partes de un trabajo ya terminado. Para estos trabajos en equipo, José Manuel nos recomienda la plataforma Trello, que abre las puertas a la autonomía y la responsabilidad del alumnado.

Además, José Manuel compartió con los asistentes al café la estrategia que utiliza para resolver problemas en el aula. Para ello utiliza una versión del Kanban que llama “Tablero de Maestría comunitaria” y que consta de cuatro pasos: en el primero se ponen las cosas, los actos o las actitudes, que generan algún tipo de conflicto en el aula, por ejemplo, los alumnos que llegan tarde e interrumpen el ritmo de la case; en el segundo se van añadiendo las propuestas de cambio o mejora y toda la clase consensua el cambio que se va a llevar a cabo, por ejemplo, el que llegue tarde tiene que hacer una danza…; en el tercero se analizan dichas propuestas; y en el cuarto se ponen aquellas propuestas que han funcionado para implantarlas como norma en el aula.

 Los profesores que asistieron al Café, procedentes de diferentes grados y de enseñanzas no regladas, compartieron sus dudas e inquietudes y pidieron consejos sobre la posible implantación de esta metodología en sus aulas: número de alumnos, material necesario, dificultades en el cambio de las dinámicas de grupo… José Manuel Sánchez Galán, incidió en la importancia de tener creado suficiente material docente como para poder adaptarse a las peticiones de los alumnos. Además, nos ayudó a descubrir en esta metodología, no solo una forma de facilitar el aprendizaje de contenidos, sino, sobre todo, una herramienta con la que explotar el máximo potencial de los estudiantes, con la que resolver problemas de comportamiento o motivación la que enseñar y con la que evaluar competencias.

Como conclusión a este café Pedagógico, quienes han utilizado esta metodología argumentan que el aprendizaje es más significativo y abierto, y que el trabajo en equipo desarrolla el diálogo, la argumentación y el pensamiento crítico. Además, los alumnos aprenden a resolver problemas y a reflexionar con el objetivo de la continua mejora en sus habilidades y capacidades. Como ya hemos dicho, la metodología Agile Learning busca que cada alumno logre su máximo potencial aumentando su confianza y su autonomía en un entorno de aprendizaje colaborativo enriquecido con herramientas digitales en concordancia con los avances tecnológicos.


 José Manuel Sánchez Galán

Evaluación en tiempos de confinamiento

Evaluación en tiempos de confinamiento

El pasado día 22 de abril, tuvimos el placer de conversar sobre evaluación en tiempos de confinamiento con Carlos Magro, vicepresidente de la Asociación Educación Abierta e investigador colaborador en proyectos transformadores en el ámbito de la educación.

Consejos de Carlos Magro Mazo
Consejos de Carlos Magro Mazo

La charla con Carlos giró entorno a tres ejes: el proceso de la evaluación en educación en general y en el entorno universitario en particular, lo efectos de la situación actual sobre el sistema educativo y las recomendaciones para llevar a cabo la evaluación no presencial.

Para enfrentarnos a esta nueva situación en la que nos ha colocado la Pandemia, lo primero que nos propone Carlos es repensar por completo nuestra práctica.

Vivimos en una sociedad que valora mucho lo competitivo y lo acreditativo, que se ha construido, como decía Hanson hace más de 20 años, sobre la capacidad de respuesta a los test. En la Universidad, dado su elevado componente de certificación, esta clasificación o selección para el mercado laboral se lleva a extremos, y es en momentos como el actual en los que se hace más evidente la necesidad de replantearnos este sistema. Porque ¿es realmente el estudiante mejor preparado para superar los test el que más ha aprendido, el mejor preparado?

En la situación de incertidumbre que nos ha traído esta pandemia debemos plantearnos preguntas muy básicas y nada nuevas: ¿Es evaluar un proceso objetivo o cada vez que evaluamos estamos asumiendo unos valores determinados? ¿Somos conscientes del valor de la evaluación? ¿Somos conscientes de sus consecuencias pretendidas y de cómo condiciona cualquier evaluación al proceso de enseñanza/aprendizaje?

La respuesta de Carlos es clara, evaluar no es un proceso técnico, sino un proceso cargado de valores, un proceso ético. Porque por muy objetiva que queramos hacerla, la evaluación nunca es neutra pues está condicionada por condicionamientos sociales, nuestros valores y por la trayectoria de vida de docentes y estudiantes. 

Paradójicamente, la evaluación ha quedado fuera en la mayoría de los procesos de mejora e innovación educativa de los últimos años. Hemos innovado en metodologías, en herramientas, en escenarios de aprendizaje, pero seguimos evaluando igual, por lo tanto, no hemos cambiado nada. Miguel Ángel Santos señalaba hace más de 20 años que “aunque la finalidad de la enseñanza es que los alumnos aprendan, la dinámica de las instituciones hace que la evaluación se convierta en una estrategia para que los alumnos aprueben” (Santos Guerra, 20 paradojas de la evaluación del alumnado en la Universidad Española. 1999). Y es que, si la evaluación focaliza su interés en los resultados, estos podrán mejorar sin que lo haga necesariamente el aprendizaje (Gordon Stobart, Tiempo de Pruebas. 2010).

La evaluación, por tanto, no debe considerarse un proceso aislado posterior a la enseñanza. Para Carlos Magro, enseñanza y evaluación son lo mismo, entre ambas hay una correlación absoluta. Nuestra manera de evaluar determina la forma de aprender de nuestros estudiantes. La evaluación condiciona el qué y el cómo aprenden. Y es que el propósito más importante de la evaluación no es demostrar, sino perfeccionar (Sttufflebeam y Shinkfield, Evaluación sistémica. guía teórica y práctica. E. Paidos, 1987). Un buen sistema de evaluación es aquel del que el estudiante no puede escapar sin haber aprendido (Elena Cano, Aprobar o aprender. Estrategias de la evaluación en la sociedad en red. 2012).

Probablemente la manera más sencilla que tenemos de saber qué tipo de educación ejercemos es saber qué tipo de evaluación hacemos. La evaluación pone de manifiesto todas nuestras concepciones docentes sobre el sentido de la Universidad, la naturaleza del proceso de enseñanza, nuestro papel como docentes, la relación profesor/alumnos… Precisamente, una investigación dirigida por Fernando Trujillo durante el confinamiento ha demostrado que las concepciones que tienen los docentes influyen mucho en la forma en la que piensan cerrar y evaluar este curso. Se podría decir por tanto “Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de profesor eres”.

En palabras de Carlos esta pandemia está siendo el espejo de las costuras rotas de nuestro sistema, ha destapado las cosas que no dan más de sí de nuestras prácticas, evidencias que, si bien muchos tenían claras, la situación actual coloca en el extremo ante las decisiones que debemos que tomar. Por ejemplo, en la Universidad ¿estamos fomentando aprendizaje o estamos forzando la parte más certificadora?

Por otro lado, esta situación ha puesto de manifiesto la gran brecha que hay en ocasiones entre la administración y la realidad de estudiantes y profesores. Situaciones como la diversidad y la desigualdad presente en nuestras aulas requieren ahora mayor atención.

¿Qué hacemos entonces para cerrar el curso?,¿Cómo evaluamos?

Es obvio que no existe una solución universal para el diseño de un procedimiento de evaluación no presencial, pero Carlos nos insta a cuestionar los procedimientos y herramientas. No se trata de trasladar la evaluación que hacíamos en presencial al remoto. Y tampoco debemos obsesionarnos solo con la vigilancia del examen. Si nuestro paradigma es la vigilancia y el control, nuestros estudiantes encontrarán maneras para hackaerlos, pues la tecnología no es robusta. Si andamos el camino de la vigilancia y el control nos pueden responder por el otro lado con los mismos mecanismos de tecnología para escapar a las mismas. Así que nuestros esfuerzos, nuestras energías, deben focalizarse en el qué y cómo evaluar, más que en esa vigilancia.

En base al “Informe sobre procedimiento de evaluación no presencial. Estudio de implantación en las Universidades españolas y Recomendaciones” (CRUE, 16/4/2020), informe que ha utilizado la propia UFV para realizar su guía de evaluación, las recomendaciones que nos hace Carlos para afrontar la evaluación en remoto son las siguientes:

  • Ser flexible a la hora de preparar la evaluación.
  • Tener en cuenta aspectos metodológicos, pedagógicos, normativos, de protección de datos, tecnologías, brechas y desigualdades digitales…
  • Tener en cuenta que un modelo de evaluación no presencial no es lo mismo para cada asignatura y para los diferentes cursos. Revisar el sistema de evaluación de cada asignatura, especificar los cambios introducidos e informar a los alumnos de los mismos.
  • No complicarnos la vida con la tecnología. No usar tecnologías no probadas anteriormente.
  • Diversificar los medios de evaluación, dando más peso a la evaluación continua, si la hubiese.
  • Complementar la evaluación con escenarios síncronos y asíncronos.
  • Distribuir el peso de manera que la evaluación sea integral, evitando acudir a una única prueba final.
  • Evaluar sobre la base de una rúbrica con criterios de corrección precisos.
  • Incluir en las pruebas de evaluación alguna retroalimentación, supervisión y/o seguimiento.

Noelia Valle (Apuntes recogidos con las palabras de Carlos durante su charla)