• Álvaro González-Alorda
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Entrevista con Álvaro González-Alorda

En cierto sentido la universidad parece estar en crisis desde hace más de un siglo, pienso en la revolución cultural de 1968 o en las críticas que Max Weber dirigía a la universidad alemana ya en 1919. ¿Cuál es el rasgo característico de la crisis educativa actual?

En mi opinión, la crisis de la universidad actual depende fundamentalmente de un factor de modelo de negocio. Como decíamos antes, los alumnos pueden encontrar contenido académico de primer nivel sin moverse de casa en plataformas extraordinarias. Esta es una crisis fortísima para la universidad y posiblemente en términos de negocio haya un buen número de universidades sin una propuesta de valor sólida que no sobrevivan en la próxima década. Se trata de instituciones que podrían desaparecer, bien porque no tienen profesores especialmente buenos o bien porque no consiguen concretar su promesa de ofrecer una formación y un acompañamiento y no solo una transacción educativa.

Estos son los dos frentes que se encuentra la universidad ahora: 1) atender a modelos de negocio disruptivo en términos educativos; 2) cumplir la promesa de las universidades con una carga presencial fuerte.

Hay infinidades de posibles definiciones de educación (la paideia griega, la humanitas romana, el humanismo del Renacimiento, etc.). Aunque sea la pregunta de un millón de dólares, ¿usted como definiría la educación? Considero importante aclarar esto porque, por lo menos desde mi punto de vista, solo si tenemos claro qué es la educación entonces sabremos elegir los métodos adecuados para el cambio.

Creo que en el contexto de hoy la educación tiene mucho más que ver con el desarrollo de competencias que con la adquisición de conocimientos. Venimos de modelos donde la adquisición de conocimientos era lo central pero hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, el conocimiento está al alcance de cualquiera en cualquier plataforma. Por lo tanto, aunque los contenidos siguen siendo algo muy importante, me parece que hoy tienen mucha menos relevancia respecto a la capacidad de utilización del conocimiento, la capacidad de encontrar el conocimiento adecuado en el momento adecuado, la capacidad de poner la información en el contexto. Creo que ése es el giro que desde el punto de vista educativo tiene sentido en el mundo de hoy: centrarse en el desarrollo de competencias. Por eso me parece que las universidades presenciales tienen una oportunidad extraordinaria para abandonar el modelo tradicional centrado en el desarrollo y adquisición de conocimientos y centrarse en formar y capacitar personas para desenvolverse en el mundo actual.

Como docente de filosofía me resulta bastante difícil entender qué significa en el ámbito de las humanidades el cambio del papel del profesor que a menudo se propone. Es decir, el profesor ya no como transmisor de contenidos sino como facilitador de habilidades y competencias…

Creo que en términos generales el desarrollo de competencias tiene sentido en todas las disciplinas. Es más, considero que el desarrollo de competencias precisamente en el conocimiento humanístico es especialmente interesante. El mundo de hoy necesita muchas competencias humanísticas, es decir, la capacidad de dar el salto de conocer la realidad a desarrollar valores con los que mirar la realidad, al desarrollar una mirada de la realidad más integradora. Las humanidades no son una cosa ajena a mí, algo que está en una estantería a la que subo para consultar un libro, sino que son un viaje en el que un profesor me guía para entender de qué manera la filosofía o la historia tiene que ver conmigo, con cómo miro el mundo y cuáles son mis valores.

Esta conexión me parece que responde mucho más a la promesa de la universidad y va más allá de la mera transferencia de conocimientos. Para eso el profesor tiene que ser inspirador, capaz de ayudar a mirar una materia, a entenderla, a amarla y a transformarse a través del estudio de esa materia.

Según usted, innovación e inspiración van de la mano. Es decir, para que un docente sea un buen maestro tiene que ser en primer lugar inspirador. ¿A qué se refiere precisamente con «ser inspirador»?

Yo creo que se es inspirador cuando se dan dos cualidades: 1) se tienen competencias profesionales dignas de ser imitadas, es decir, eres bueno en lo que haces, sabes mucho de tu materia. Sin embargo, esto no basta para ser inspirador. Hacen falta, de hecho, 2) competencias o capacidades personales dignas de ser imitadas, de tal manera que un profesor es inspirador cuando alguien se quiere parecer a él. Tu te quieres parecer a alguien precisamente porque te inspira, porque ves una sintonía entre los valores que tiene y su manera de vivir. Lo que ves es integridad, una persona íntegra, que se esfuerza en vivir los valores en los que cree. En una palabra, ves una musculatura en el alma de esa persona que te resulta atractiva.

Si unimos esta musculatura del alma con unos conocimientos o competencias desarrolladas, lo que obtenemos es un profesor inspirador. No se trata de un profesor necesariamente divertido, ocurrente, con una gran facilidad de palabra, cautivador o deslumbrante. Todo esto puede darse o no.

¿Podría aclararme de qué tipos de valores está hablando?

Cuando hablo de valores estoy hablando de cuál es la visión que uno tiene del hombre, del ser humano, de sí mismo y de los demás. Estoy hablando de antropología, algo que es muy profundo y muy íntimo y que corresponde a esos valores por los que uno lucha y se mueve.

Quiero subrayar que los valores no son ni hereditarios ni vitalicios. No es suficiente haber tenido unos padres extraordinarios o haber tenido valores excepcionales y haber luchado por ellos durante un tramo de nuestra vida para seguir siendo permeados de valores hoy mismo.

Mirando a mi alrededor me parece que hay muchas personas que han reflexionado muy poco acerca de cuales son sus valores. Tal vez lo que tienen es simplemente una especie de «pack de valores mainstream«, es decir, los valores que se llevan hoy en día que, sin embargo, son extremadamente inconsistentes. Estas personas tendrán en consecuencia una vida sin foco, con falta de fuerza. Y eso se nota. Cuando alguien no tiene unos valores sólidos sobre los que construye su visión de la persona y del mundo, tiene un discurso muy frágil y normalmente es una persona fragmentada y poco atractiva. Para la integridad, de hecho, se necesitan unos valores muy claros y una lucha.

Junto con la experimentación y la integridad, el tercer elemento que conforma un profesor inspirador es, según usted, la comunicación, es decir, la capacidad de diálogo personal con los estudiantes compartiendo con ellos algo que transcienda los simples contenidos de las clases. A este respecto me preguntaba cómo podría conciliarse este modelo comunicativo con otros sistemas que quizá podrían no favorecerlo ya que suponen una transformación radical del rol del profesor. Me refiero, por ejemplo, a las clases online de Udacity o de Coursera.

Muy buen punto. Los modelos educativos disruptivos son necesariamente imperfectos. La innovación disruptiva decide ser imperfecta porque no quiere satisfacer todas las necesidades, sino solamente algunas pero de un modo más simple, más fácil, más accesible y más económico. El contenido presentado por medio de las nuevas plataformas digitales es, por lo tanto, mucho más accesible, mucho más económico, mucho más fácil de utilizar y de entender. Esto lo consiguen a costa de la formación presencial, de la interacción entre persona y persona en un espacio físico real, no virtual, es decir, renunciando a estos caracteres que son propios de las universidades presenciales.

Ahora bien, si las universidades que apuestan por el desarrollo de competencias, y no solamente por la transferencia de conocimientos, no hacen o no desarrollan un modelo de mentoring que tenga suficiente potencia, estarán condenadas a desaparecer. Hoy en día es fortísima la necesidad de acompañar a las personas en sus primeros años de vida profesional y en sus años universitarios previos. Para construir personas sólidas para nuestra sociedad es necesario un acompañamiento. Las personas que han tenido un maestro lo saben muy bien. Tener un maestro o un mentor acelera de una manera extraordinaria el desarrollo de competencias y de capacidades. Es impensable un deportista de élite sin un entrenador. Pero hay algo mucho más importante que ganar una competición de tenis o de fútbol, que es tu propia vida. Por esto me parece muy necesario el acompañamiento a los jóvenes que se están lanzando al mercado, a la sociedad, y que están pasando por la plataforma educativa de una universidad.

Ahora bien, ese acompañamiento se puede hacer de muchas maneras y una persona podría estudiar en Udacity o en cualquier otra plataforma digital y buscar alternativas por otras vías para desarrollar estas competencias y este acompañamiento. Así que nuevamente cada vez se hace más peligroso para las universidades el no desarrollar un modelo de mentoring sólido. Pasado mañana podrían surgir plataformas extraordinarias no virtuales, sino presenciales, de mentoring que sean un complemento formidable de otras plataformas digitales, lo cual sería una nueva amenaza para las instituciones universitarias tradicionales.

Entrando más en el mérito de las nuevas metodologías educativas, ¿cuáles son según usted las que más favorecen el aprendizaje y las que más le resultan innovadoras?

Hay muchísimas metodologías. Dependiendo de la materia que expliques y del contenido que tengas que transferir, puede venir bien una o otra. En lo que se refiere al desarrollo de competencias por parte de los alumnos hay competencias que son más técnicas y otras que son menos técnicas y más espirituales. Para el desarrollo de estas últimas considero que el aprendizaje colaborativo es una herramienta muy valiosa. Se trata de abandonar el rol del profesor como centro del aula para poner en su lugar a los alumnos los cuales colaborarán los unos con los otros en la adquisición de conocimientos y en el desarrollo de habilidades y competencias.

Otra metodología pedagógica que me parece importante en este contexto es el aprendizaje adaptativo que consiste en no plantear un mismo modelo de desarrollo de conocimiento o de adquisición de competencias para todos los alumnos, sino en diseñar recorridos distintos para alumnos distintos. Esto requiere evidentemente una atención personalizada, requiere entender muy bien cómo es la estructura de conocimiento de cada alumno para poder diseñar el vehículo adecuado para cada uno de ellos.

Otra metodología muy interesante es el aprendizaje híbrido. Hay partes de la adquisición del conocimiento que se pueden hacer individualmente de un modo mucho más eficiente, más ágil y más rápido. Otras partes, sin embargo, requieren más interacción. Conjugando estas dos partes el trabajo en el aula consistirá en unas dinámicas mucho más participativas en las que el alumno no simplemente está escuchando a alguien sino que está exponiendo, hablando, discutiendo, conversando, escuchando a otros alumnos, etc.

Creo que gracias a estas tres dinámicas pedagógicas es posible acercarse bastante al modelo educativo de cercanía con el alumno.